El verano dispara la demanda de alimentos frescos, pero también aumenta el desperdicio alimentario
Las olas de calor que están afectando a Europa no solo tienen impacto en la salud o en el consumo energético, también influyen en la forma en la que compramos, conservamos y consumimos alimentos. Con la llegada del verano, los hogares tienden a apostar por productos más frescos, ligeros y fáciles de preparar, como frutas, verduras, ensaladas o platos fríos, precisamente algunos de los más sensibles al deterioro cuando aumentan las temperaturas.