La cesta de la compra valenciana cambia: más fruta, carne y aceite de oliva y menos hortalizas y pescado
El comportamiento de los consumidores de la Comunitat Valenciana durante 2025 refleja una transformación de la cesta de la compra que afecta directamente a algunos de los principales sectores agroalimentarios valencianos. El consumo de frutas, hortalizas, cítricos, aceite de oliva, carne y pescado presenta evoluciones muy diferentes, en un escenario marcado por la evolución de los precios, la búsqueda de productos más asequibles y el avance de los supermercados como principal canal de comercialización.
El Informe del consumo alimentario en España 2025, elaborado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, muestra que el mercado alimentario español recuperó ligeramente el volumen de consumo durante el pasado ejercicio, aunque el gasto creció con mucha mayor intensidad. El Ministerio dispone, además, de las series de consumo desglosadas por comunidades autónomas, lo que permite analizar las particularidades del comportamiento de los hogares valencianos.
La evolución resulta especialmente relevante para la Comunitat Valenciana por el peso que tienen en su economía agraria producciones como los cítricos, las frutas y hortalizas, el aceite de oliva y los productos ganaderos, todos ellos condicionados en buena medida por las decisiones de compra de los consumidores.
La fruta mantiene un papel central en la cesta valenciana
Las frutas frescas continúan ocupando una posición estratégica en la alimentación de los hogares españoles. El consumo nacional alcanzó en 2025 los 81,58 kilos por persona, después de aumentar un 2,7 % respecto al ejercicio anterior.
Esta evolución supone una oportunidad para las zonas productoras valencianas, aunque el comportamiento es muy diferente según la especie. El crecimiento global del consumo de fruta no se está traduciendo de manera uniforme en una mayor demanda de todos los productos.
Uno de los ejemplos más claros es el de los cítricos. Mientras la compra de naranja aumentó un 1,5 %, la mandarina sufrió un retroceso del 9,5 % en volumen. El precio medio de la mandarina, por el contrario, aumentó un 7,6 %, hasta situarse en 2,06 euros por kilo.
El resultado es especialmente significativo para la Comunitat Valenciana, una de las principales zonas productoras de cítricos de España, porque evidencia que el crecimiento del consumo de frutas convive con dificultades específicas para determinados cultivos y variedades.
En otras palabras, el problema del sector citrícola no puede analizarse únicamente desde la evolución global del consumo de fruta. La composición de esa demanda y la competencia entre especies y variedades adquieren una importancia creciente.
Hortalizas: menos kilos pero más gasto
El comportamiento de las hortalizas frescas presenta otra de las grandes paradojas del mercado alimentario.
Los hogares españoles compraron en 2025 un 1 % menos de hortalizas frescas, hasta 2.299,31 millones de kilos, pero gastaron un 5,2 % más, hasta 5.794,03 millones de euros.
El precio medio aumentó un 6,3 %, hasta 2,52 euros por kilo.
La evolución resulta especialmente interesante para la Comunitat Valenciana, que concentra el 11,27 % del volumen nacional de compra de hortalizas frescas, ligeramente por encima del 11,14 % que representa sobre la población española. Esto indica una intensidad de compra de estos productos superior a la que correspondería exclusivamente por su peso demográfico.
El dato confirma la importancia del consumo de productos hortícolas en la Comunitat, pero también evidencia una cuestión que preocupa al conjunto del sector: el consumidor está pagando más, pero adquiriendo menos cantidad.
Esta situación puede tener consecuencias sobre el conjunto de la cadena de valor, desde el agricultor hasta la distribución, especialmente cuando el incremento del precio final no se traslada necesariamente en la misma proporción al productor.
El tomate resiste mejor
Dentro de las hortalizas, el tomate mantiene una posición destacada. En España se adquirieron en 2025 554,82 millones de kilos, prácticamente la misma cantidad que el año anterior.
Para la agricultura valenciana, este comportamiento resulta relevante porque confirma que determinados productos mantienen una demanda relativamente estable pese a las modificaciones de los hábitos alimentarios y a la presión de los precios.
La evolución de las diferentes especies demuestra, por tanto, que resulta cada vez más necesario analizar el mercado producto por producto, y no únicamente mediante grandes categorías.
El aceite de oliva recupera terreno
Otro de los grandes protagonistas de 2025 fue el aceite de oliva.
Después de varios ejercicios condicionados por la escalada de precios, los hogares españoles recuperaron con fuerza el consumo de aceite de oliva. Las compras de aceite de oliva aumentaron un 9,9 % en volumen, mientras que el aceite de oliva virgen creció un 19,5 % y el virgen extra experimentó un espectacular incremento del 33,9 %.
El aceite de oliva virgen extra alcanzó los 138,1 millones de litros, con un consumo per cápita de 2,95 litros. El fuerte crecimiento estuvo directamente relacionado con la caída del precio medio, que descendió un 37,4 %, hasta 5,50 euros por litro.
El dato tiene una lectura especialmente importante para el sector oleícola valenciano: cuando el precio baja, el consumidor recupera rápidamente el consumo de aceite de oliva.
De hecho, el conjunto de aceites alcanzó un consumo per cápita de 10,19 litros, un 6,8 % más que en 2024. El virgen extra fue la variedad que más creció, con un incremento del 34,1 % por persona.
La carne gana peso en los hogares
La carne fue otra de las categorías que mejor comportamiento registró durante 2025. Las compras de carne fresca aumentaron un 3,5 %, hasta 1.467,35 millones de kilos, mientras que el gasto creció un 6,5 %, hasta 11.396,32 millones de euros.
El consumo per cápita alcanzó los 31,32 kilos, un 3,6 % más que en 2024.
Si se considera el conjunto de las carnes, el consumo per cápita se situó en 43,11 kilos.
El crecimiento, sin embargo, tampoco fue homogéneo. La carne de conejo perdió un 3,9 % de volumen, en contraste con el aumento general de la demanda de productos cárnicos.
Para la producción ganadera valenciana, estos datos muestran la importancia de competir no solamente mediante precio, sino también mediante diferenciación, calidad, proximidad y reconocimiento del origen.
El pescado pierde presencia
El comportamiento del pescado es justamente el contrario. Las compras de productos pesqueros descendieron un 1,1 %, con una caída particularmente significativa del pescado fresco.
La sardina fresca, por ejemplo, registró un descenso del 4,3 % en volumen, mientras que el atún y el bonito aumentaron un 3,7 %.
Este cambio vuelve a poner de manifiesto que el consumidor valenciano —al igual que el español— está modificando sus preferencias dentro de las propias categorías alimentarias.
El supermercado se consolida como principal puerta de entrada al producto agrario
Uno de los aspectos con mayor impacto sobre los productores valencianos es la evolución de los canales de comercialización.
Los supermercados continúan consolidándose como principal canal de compra de alimentos en España, una tendencia que el MAPA ya había constatado en ejercicios anteriores y que se mantiene en 2025.
Esta transformación tiene una consecuencia directa para agricultores y ganaderos: cada vez resulta más importante la capacidad de las producciones para adaptarse a las exigencias de las grandes cadenas de distribución en materia de calidad, calibre, presentación, continuidad de suministro, trazabilidad y precio.
La tienda tradicional conserva, no obstante, una importancia muy superior en los productos frescos que en el conjunto de la alimentación.
En el caso de la carne fresca, por ejemplo, la tienda tradicional mantiene un peso significativo, aunque los supermercados presentan precios medios inferiores en determinadas categorías.
Una Comunitat productora ante un consumidor cada vez más sensible al precio
El principal mensaje que puede extraerse para la Comunitat Valenciana es que el consumidor sigue demandando productos frescos y vinculados a la dieta mediterránea, pero toma sus decisiones de compra con una sensibilidad creciente al precio.
La recuperación del aceite de oliva cuando disminuyen sus precios constituye un ejemplo muy claro. También lo es el comportamiento de las hortalizas: menos volumen adquirido pese a un incremento considerable del gasto.
En los cítricos, la evolución de la mandarina evidencia además que el crecimiento del consumo global de fruta no garantiza una mayor demanda para todas las producciones.
Este escenario coloca al sector agroalimentario valenciano ante un doble desafío: mantener el consumo de sus productos y conseguir que el valor añadido generado en la cadena se traduzca en una remuneración suficiente para agricultores y ganaderos.
El consumidor continúa comprando fruta, hortalizas, carne y aceite de oliva, pero cambia las cantidades, las variedades, los establecimientos y la frecuencia con la que las adquiere.
Para una Comunitat con un sector agrario fuertemente orientado a estos productos, el comportamiento de la cesta de la compra constituye, por tanto, mucho más que una estadística de consumo: es un indicador de hacia dónde se dirige el mercado que deberán afrontar los productores valencianos en los próximos años