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La UPV alerta de que el calentamiento y la acidificación del mar amenazan el futuro de la clóchina valenciana

La clóchina valenciana, uno de los productos más representativos de la acuicultura mediterránea, se enfrenta a un escenario cada vez más complejo debido a los efectos del cambio climático. El aumento de la temperatura del mar y su progresiva acidificación amenazan la viabilidad de este cultivo, según advierte Miguel Jover, catedrático de Acuicultura de la Universitat Politècnica de València (UPV), quien reclama medidas de adaptación para garantizar la continuidad de una actividad con un importante peso económico y social.

La producción de clóchina se concentra actualmente en las 25 clochineras ubicadas en los puertos de Valencia y Sagunto. En 2024 alcanzó las 2.703 toneladas, con un valor superior a 4,3 millones de euros, lo que consolida a este molusco como uno de los productos emblemáticos del litoral valenciano.

Jover explica que el principal reto para el sector es el incremento de la temperatura del agua. "Las clóchinas comienzan a sufrir estrés térmico cuando el mar supera los 25 grados. En los últimos veranos ya se han registrado temperaturas cercanas a los 30 grados en el Puerto de Valencia, una situación que reduce el crecimiento y puede provocar episodios de mortalidad", señala.

A este problema se suma la acidificación del mar provocada por la absorción de dióxido de carbono (CO₂) atmosférico. Este fenómeno dificulta la formación de la concha durante las primeras etapas de desarrollo y reduce la capacidad de las clóchinas para fijarse a las cuerdas de cultivo, incrementando las pérdidas de producción.

"La combinación del aumento de la temperatura y la acidificación hace que las clóchinas sean especialmente vulnerables al cambio climático. Si no se reducen las emisiones de CO₂, las consecuencias sobre su supervivencia y crecimiento podrían agravarse de cara a 2050", advierte el investigador.

Adaptar el cultivo

Para hacer frente a esta situación, el catedrático plantea distintas estrategias de adaptación. Entre ellas propone adelantar el calendario de producción para iniciar la campaña entre marzo y abril, evitando así los meses de mayor calor, así como aprovechar las zonas más profundas de las cuerdas de cultivo, donde la temperatura del agua es más baja durante el verano.

Otra de las alternativas pasa por producir semilla de clóchina en cautividad bajo condiciones controladas para sembrarla en el momento más adecuado. No obstante, Jover matiza que esta opción requiere todavía avanzar en la optimización de las técnicas reproductivas para que puedan aplicarse de forma rentable a escala comercial.

El experto insiste en que es necesario profundizar en el conocimiento del ciclo biológico de la clóchina y de las condiciones ambientales en las bateas para diseñar estrategias eficaces de adaptación. "La clóchina valenciana es un producto de gran calidad, de proximidad y sostenible, que genera riqueza y empleo. Por ello, es imprescindible adoptar medidas que aseguren su producción y rentabilidad frente a los efectos del cambio climático", concluye.