La gota que colma el vaso
* Patricio Simó.
El acuerdo entre la UE y Mercosur, que podría firmarse el próximo mes de marzo, no cuenta con el respaldo de agricultores y ganaderos. Las organizaciones agrarias han anunciado nuevas movilizaciones para protestar contra este tratado, que aún debe ser ratificado por el Parlamento Europeo. Varios países de la UE, entre ellos Francia, se oponen a su firma, otros como Alemania, con una potente industria automovilística —uno de los sectores más beneficiados—, apoyan claramente su firma mientras que España, a través de su ministro de Agricultura, Luis Planas, lo defiende como una oportunidad de negocio para un mercado potencial de más de 700 millones de personas. Esta visión choca frontalmente con la realidad diaria de miles de productores europeos.
Todas las asociaciones agrarias, sin excepción, rechazan el acuerdo con los países de Mercosur al considerar que pone en peligro la viabilidad de sus explotaciones agrícolas y ganaderas, al fomentar una competencia que califican de desleal.
La apertura de este mercado supone, de facto, la entrada masiva de productos agroalimentarios, especialmente carne de vacuno, procedentes de países donde las normas sanitarias, medioambientales y de bienestar animal distan mucho de las exigidas en la UE. Mientras que en la UE existen reglas estrictas en materia de trazabilidad, uso de pesticidas y bienestar animal, estas exigencias no se cumplen en los países de Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay).
No existe, por tanto, reciprocidad. Y sin reciprocidad, no hay competencia justa. El resultado es un mercado distorsionado que penaliza al productor europeo y pone en riesgo la seguridad alimentaria, el modelo agrícola y el medio rural.
La competencia es legítima y necesaria en un mercado cada vez más globalizado siempre que se desarrolle bajo las mismas reglas para todos. No se trata de una negativa al comercio internacional ni a la apertura de mercados, sino de la defensa de unas reglas del juego equitativas.
Este acuerdo representa para el sector primario la gota que colma el vaso. Solo en la Comunitat Valenciana, la agricultura registró pérdidas de 340 millones de euros en 2025, según datos de Asaja. Un año agrícola especialmente complicado, marcado por las inclemencias meteorológicas con varios episodios de pedrisco, los bajos precios percibidos por los productores y el constante aumento de los costes de producción.
En este contexto, avanzar en acuerdos comerciales que ignoran la realidad del campo europeo no solo resulta irresponsable, sino también peligroso. Defender a los agricultores y ganaderos no es una cuestión de proteccionismo, sino de coherencia, justicia y futuro. Porque sin un sector agrario fuerte y viable, no hay soberanía alimentaria posible.