Pasar al contenido principal

GO Viver identifica las parcelas agrícolas con mayor potencial para actuar como cortafuegos verdes

Cuatro años después del incendio de Bejís, iniciado el 15 de agosto de 2022, y a las puertas del Día Mundial de la Prevención de Incendios Forestales, que se conmemora el 18 de agosto, el municipio de Viver avanza en la prevención de los grandes incendios forestales mediante la recuperación y el mantenimiento de los espacios agrarios.

El proyecto GO Viver, impulsado por la Fundación Global Nature y la Cooperativa de Viver, ha completado su primera fase con un análisis parcela a parcela destinado a identificar las superficies agrícolas que presentan un mayor potencial para actuar como cortafuegos verdes y generar discontinuidades que dificulten la propagación del fuego.

La iniciativa parte de una realidad cada vez más visible en los paisajes mediterráneos: el avance de la vegetación forestal sobre antiguas tierras agrícolas está incrementando la continuidad de la masa vegetal y, con ella, la cantidad de combustible disponible para los incendios.

Frente a esta situación, los cultivos activos, los bancales mantenidos y los mosaicos agroforestales pueden desempeñar una función preventiva al introducir discontinuidades en el territorio y dificultar la propagación del fuego.

El incendio de Bejís puso de manifiesto la importancia de esta cuestión en Viver. El fuego afectó a más de 19.000 hectáreas en el conjunto de su recorrido, de las que más de 1.500 correspondieron al término municipal de Viver.

Un mapa para saber dónde es más útil intervenir

Una de las principales aportaciones del trabajo realizado por GO Viver es que no se limita a identificar las zonas con mayor riesgo de incendio. El análisis busca determinar dónde una actuación preventiva puede resultar más estratégica y eficaz.

Para ello, el equipo técnico ha desarrollado una metodología multicriterio que combina información sobre usos del suelo, riesgo de incendio, modelos de combustible y contacto entre las zonas agrícolas y forestales.

También se han incorporado variables como la pendiente, la orientación, el riesgo de erosión y la estructura del mosaico agroforestal.

Con todos estos parámetros se ha elaborado una cartografía que asigna a cada parcela un nivel de prioridad de actuación: bajo, medio, alto o muy alto.

“Antes de proponer medidas a los agricultores necesitábamos saber dónde tenía más sentido actuar. Este mapa nos permite trabajar con datos y localizar las parcelas que, bien gestionadas, pueden marcar una diferencia frente al fuego y aportar beneficios ambientales al territorio”, explica Rocío Lalanda, coordinadora del proyecto en la Fundación Global Nature.

El objetivo, por tanto, no es elaborar un mapa de riesgo convencional, sino disponer de una herramienta que permita priorizar las actuaciones y maximizar su efecto sobre el territorio.

De la cartografía a las actuaciones sobre el terreno

Concluida esta primera fase, GO Viver inicia ahora una nueva etapa centrada en las parcelas de los socios de la Cooperativa de Viver, donde las medidas preventivas podrán aplicarse de manera más directa.

El trabajo se desarrollará junto a los agricultores y agricultoras mediante comunidades de aprendizaje, espacios de colaboración en los que participarán la Fundación Global Nature, especialistas en distintas materias y la propia cooperativa.

La finalidad es adaptar las actuaciones a las características agronómicas, ambientales y sociales de cada zona y evitar soluciones genéricas que no tengan en cuenta la realidad de las explotaciones.

Entre las medidas que se estudia poner en marcha figuran:

  • Recuperación de tierras agrícolas abandonadas.
  • Transformación de cultivos en franjas cortafuegos productivas.
  • Restauración de bancales y terrazas.
  • Utilización del pastoreo como herramienta de gestión de la vegetación.
  • Manejo de cubiertas vegetales.
  • Ensayo de barreras térmicas.

“El mapa es una herramienta, no un fin en sí mismo. Lo importante es que los agricultores puedan reconocerse en ese diagnóstico y decidir qué medidas tienen sentido en sus parcelas”, señala Lalanda.

Desde el proyecto se destaca que las actuaciones diseñadas conjuntamente con quienes trabajan la tierra presentan mayores posibilidades de mantenerse en el tiempo.

Agricultura y prevención de incendios

GO Viver plantea así una estrategia en la que la actividad agrícola no solo se considera desde su función productiva, sino también como un elemento de gestión territorial y prevención de incendios forestales.

El proyecto pretende demostrar que mantener activos determinados espacios agrarios puede contribuir a reducir la continuidad del combustible forestal y, al mismo tiempo, generar otros beneficios ambientales.

Esta perspectiva adquiere especial relevancia en territorios mediterráneos afectados por el abandono de tierras agrícolas, el avance de la vegetación forestal y una mayor vulnerabilidad frente a los incendios.

Un plan de adaptación agroforestal a largo plazo

El análisis realizado constituye la base para las siguientes fases del proyecto, que incluirán el acompañamiento técnico a los agricultores, la selección de parcelas piloto, el diseño y aplicación de medidas de adaptación y la transferencia de los resultados a otros municipios con problemáticas similares.

El objetivo final de GO Viver es desarrollar un plan de adaptación agroforestal al cambio climático que contribuya a reducir la vulnerabilidad del territorio frente a los incendios forestales y, al mismo tiempo, fomente la biodiversidad en los ecosistemas agrarios.

El proyecto combina dos escalas de actuación: una territorial, centrada en la planificación del paisaje y la prevención de incendios, y otra a escala de parcela, orientada a aplicar prácticas agrarias de adaptación en colaboración directa con los agricultores.

De esta forma, los campos de cultivo se convierten también en una herramienta de prevención, integrando producción agraria, gestión del territorio, adaptación al cambio climático y protección frente a los incendios forestales.