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El Sabinar de las Blancas logra el título de Bosque del Año 2026

Antonio Ballester, director del Parque Natural de la Puebla de San Miguel, en el Rincón de  Ademuz, celebra que el bosque de las Sabinas Blancas haya sido declarado Bosque del Año  2026 gracias a una iniciativa que impulsa el Ministerio para la Transición Ecológica desde 2007  a resultas de una propuesta de la ONG Bosques Sin Fronteras. La característica principal de las  sabinas blancas es que “son exclusivas de zonas de alta montaña, sólo crecen por encima de los  mil metros de altura sobre el nivel del mar”, explica Ballester.  

El parque natural presentó la candidatura para impulsar el atractivo de un territorio  tradicionalmente abandonado donde “nunca se invierte mucho”, sigue Ballester, “la CV-35  sigue teniendo dos metros de anchura”.  

Las sabinas se llaman blancas debido al color de su piel y muchos de los árboles del bosque  tienen más de 900 años, “han visto muchas cosas”. “Las sabinas tienen un crecimiento lento y  una madera muy dura”, dice Ballester, “cuando se talan las rodajas tienen un color rojizo y, en  tiempos, se usaban para desodorizar los armarios porque funcionan como repelentes de los  insectos”. También crecen sabinas rastreras, plantas del mismo género que, para protegerse del  frío y del viento, se desarrollan como un tapiz sobre la superficie del suelo. 

El bosque alberga sabinas, pinos albares, pinos negrales, carrascas, robles… “Muchos de ellos  de unos trescientos años de vida, tenemos un pino con seis metros de diámetro”, presume  Ballester. La fauna asociada al bosque es esencialmente de alta montaña, águilas reales,  imperiales y otras más discretas; varios tipos de murciélagos; y “la mariposa Apolo, que está  bajo mínimos, sólo quedan algunas en Penyagolosa y aquí porque son muy coloridas y han sido  víctimas de los entomólogos de salón, que se limitaban a cazarlas para pincharlas en un  corcho”. Afortunadamente, el Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva ha sido  capaz de criar las mariposas Apolo en el laboratorio, “algo muy complicado porque la  metamorfosis de las mariposas es muy compleja, pero lo han logrado”. Las sabinas rastreras  son su mejor refugio y fuente de alimento. 

Ballester sueña con abrir un restaurante para buitres leonados. “El muladar, restaurante para  buitres, nos permitiría montar un observatorio para los interesados en ver alimentarse a estas  rapaces”. De momento, los restos de los animales muertos se despeñan por el barranco y no es  fácil convertir eso en un atractivo turístico. 

El responsable del parque también destaca la presencia de anfibios como el sapo corredor o el  gallipato. “Hemos limpiado abrevaderos abandonados, hemos puesto rampas para que los animales no se ahoguen y en cuanto recuperas una charca aparecen porque los huevos  estaban ahí”, afirma. 

Al parque le sienta bien la visita de las ovejas. “Limpian de forma natural”. No tanto de las  cabras. “Son como osos, se plantan en dos patas y se lo comen todo”. “Pero hay muy poco ganado”, lamenta. Ballester intentó impulsar una escuela de pastores. “Hay una que funciona  muy bien en Andalucía, intenté trasladar la misma iniciativa aquí, pero quedó en nada”. 

Ballester es un veterano que lleva más de treinta años dedicado al parque natural de la Puebla  de San Miguel y al del Turia. “Cuando yo empecé había diez parques naturales con asignación  presupuestaria, pero eso se acabó. No sería muy caro, es sorprendente las cosas que se  pueden hacer con cien mil euros y un poco de cabeza”.  

Convencido de que la protección de la naturaleza y su conservación es un activo de primer  orden, Ballester sueña con que “todo el territorio de la comarca del Rincón de Ademuz sea  declarado en algún momento zona protegida”. “Es una iniciativa que cuenta con importante  respaldo institucional en toda la comarca”, sostiene, “fomentaría el turismo y proliferarían las  casas rurales y se pondrían en valor las tradiciones y costumbres peculiares de la zona a través  de granjas escuela”.