La vegetación de la Serra d’Espadà perdió el 51 % de su humedad antes del incendio de la Vall d’Uixó
El CEAM apunta a la rápida desecación de la vegetación como uno de los factores que pudieron favorecer el comportamiento del fuego, que ha afectado a unas 9.600 hectáreas.
La vegetación de la zona afectada por el incendio forestal declarado el pasado 25 de julio en la Vall d’Uixó experimentó una pérdida del 51 % de su humedad entre abril y julio, un deterioro que pudo contribuir a incrementar la vulnerabilidad del territorio frente al fuego. Es una de las principales conclusiones del primer análisis realizado por el Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM) sobre las condiciones de la vegetación previas al incendio.
El estudio, elaborado por este centro de investigación de la Generalitat, analiza mediante imágenes de satélite la evolución de la cubierta vegetal durante los meses anteriores al incendio y aporta una primera aproximación científica a los factores que pudieron influir en el comportamiento de las llamas.
El fuego ha afectado hasta el momento a cerca de 9.600 hectáreas, de las que aproximadamente el 43 % se encuentran dentro del Parque Natural de la Serra d’Espadà. Entre las principales formaciones vegetales afectadas se encuentran los pinares, que representan alrededor del 40 % de la superficie quemada, seguidos del matorral, con un 30 %, y del alcornocal, con aproximadamente un 10 %.
De una primavera húmeda a una vegetación extremadamente seca
Uno de los elementos más destacados por el CEAM es la evolución de la humedad de la vegetación. La primavera de 2026 comenzó con niveles de humedad superiores a los registrados en los dos años anteriores, favorecidos por las abundantes precipitaciones acumuladas.
Sin embargo, esta situación cambió rápidamente. Entre abril y julio, la vegetación perdió el 51 % de su humedad, coincidiendo con un periodo marcado por temperaturas elevadas y ausencia de precipitaciones.
Según los investigadores, las lluvias de los meses anteriores también favorecieron un mayor crecimiento de la vegetación, especialmente de la cubierta herbácea. Posteriormente, esta vegetación experimentó un rápido proceso de desecación, generando una mayor cantidad de material vegetal disponible como combustible para el fuego.
El análisis refleja así una evolución especialmente significativa: un territorio que inició la primavera con una vegetación más húmeda y desarrollada terminó el periodo previo al incendio con una cubierta mucho más seca y vulnerable.
El verdor de la vegetación cayó un 38 %
El CEAM también ha analizado la evolución del índice NDVI, un indicador utilizado para evaluar el estado y el verdor de la cubierta vegetal.
Los datos muestran que este índice descendió un 38 % entre abril y julio, confirmando el deterioro progresivo de las condiciones de la vegetación durante los meses inmediatamente anteriores al incendio.
La combinación de una mayor acumulación de biomasa tras las lluvias y su posterior rápida desecación pudo incrementar, por tanto, la disponibilidad de combustible vegetal en el territorio afectado.
Un 16 % de la superficie presenta una severidad muy alta
El análisis realizado hasta ahora también ofrece una primera estimación de la severidad del incendio. De forma provisional, el CEAM calcula que alrededor del 16 % de la superficie afectada presenta una severidad muy alta.
No obstante, los investigadores advierten de que esta valoración deberá completarse cuando el incendio esté totalmente extinguido. Será entonces cuando pueda analizarse con mayor precisión la capacidad de regeneración de la vegetación, el riesgo de erosión y los efectos sobre la recuperación de los ecosistemas.
La información obtenida en esta primera fase servirá para identificar los principales impactos ecológicos y establecer las bases científicas de las futuras actuaciones de gestión y restauración del territorio.
A partir de la próxima semana se incorporará a estos trabajos el Área de Investigación Forestal de la Fundación CEAM, en coordinación con otros equipos científicos, con el objetivo de integrar diferentes perspectivas en la evaluación de los daños y en la planificación de la recuperación de las zonas afectadas.
Ciencia para recuperar la Serra d’Espadà
El CEAM cuenta con una amplia experiencia en el estudio de los ecosistemas mediterráneos y del cambio global. Desde 1992 desarrolla investigaciones relacionadas con la ecología del fuego, las sequías, la restauración forestal y la gestión de espacios afectados por incendios.
El organismo dispone además de herramientas específicas como la plataforma POSTFIRE, diseñada para evaluar los impactos ecológicos de los incendios forestales y orientar las actuaciones de restauración y gestión de las zonas quemadas a partir de criterios científicos.
El estudio de la Vall d’Uixó abre así una primera fase de análisis que permitirá determinar no solo cómo se comportó el fuego, sino también qué condiciones presentaba el territorio antes de las llamas y qué capacidad tendrá ahora para recuperarse.