Fernando J. Burgaz (Fundación Foro Agrario): “La agricultura española absorbe casi cinco veces más CO₂ del que emite, con un saldo neto de 81 millones de toneladas”
La agricultura española absorbió en 2023 un total de 102,5 millones de toneladas de CO₂ frente a unas emisiones de 21,5 millones, lo que arroja un balance neto favorable de 81 millones de toneladas. Estos son los principales resultados del informe elaborado por la Comisión Intercolegial sobre la Agricultura del Carbono, impulsada en el ámbito del Consejo General de Colegios de Ingenieros Agrónomos, que cuantifica la capacidad del campo español para actuar como sumidero de carbono.
Fernando J. Burgaz Moreno, presidente de la Fundación Foro Agrario y quien ha liderado este trabajo, ha expuesto estas conclusiones en el marco del VI Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos, que se celebra estos días en Valencia. Su intervención se ha integrado en el Vector 3, dedicado a la optimización de los sistemas biológicos y a la búsqueda de modelos productivos capaces de combinar rentabilidad, eficiencia en el uso de los recursos y sostenibilidad ambiental.
El estudio pone el foco en una de las funciones ambientales de la agricultura que, según Burgaz, debe incorporarse de manera más precisa a la evaluación del sector: su capacidad para retirar CO₂ de la atmósfera y almacenarlo mediante los procesos biológicos asociados a la fotosíntesis. A su juicio, el impacto climático de la actividad agraria no puede medirse únicamente contabilizando sus emisiones, sino que debe calcularse a partir del balance entre los gases emitidos y el carbono absorbido.
Las cifras del informe reflejan una diferencia significativa entre ambos conceptos. Frente a unas emisiones estimadas de 21.516 kilotoneladas de CO₂ equivalente, la agricultura española absorbió 102.533 kilotoneladas de CO₂ en 2023. El resultado es un saldo neto favorable de 81.017 kilotoneladas.
“La agricultura española absorbió en 2023 casi cinco veces más CO₂ del que emitió, un saldo neto de 81 millones de toneladas de CO₂ que desmonta, con datos oficiales y metodología homogénea, la imagen del sector como fuente contaminante”, explica Burgaz.
El presidente de Foro Agrario considera que este balance debe contribuir a cambiar la perspectiva con la que se analiza la contribución del sector agrario a la lucha contra el cambio climático. En este sentido, defiende que la capacidad de absorción de carbono de la agricultura constituye un servicio ambiental que debe reconocerse y remunerarse adecuadamente a los productores.
“La agricultura, junto con el sector forestal y algunos ecosistemas marinos, son los únicos sistemas naturales capaces de absorber, gracias a la fotosíntesis, CO₂ atmosférico e incorporarlo a la cadena trófica, lo que le sitúa en una posición importante para contribuir a la descarbonización del sistema productivo, lo cual lógicamente debe ser retribuido adecuadamente a los agricultores”, sostiene.
Remunerar la captura de carbono del campo
El reconocimiento económico de esta función abre el debate sobre cómo trasladar los beneficios ambientales de la actividad agraria a la renta de las explotaciones. La medición de las absorciones y emisiones constituye un primer paso para evaluar esa contribución, aunque su remuneración requiere definir mecanismos que permitan acreditar los resultados y establecer criterios de compensación.
La cuestión adquiere especial relevancia en un contexto en el que los agricultores deben adaptar sus sistemas productivos a unas exigencias ambientales crecientes, al tiempo que afrontan el encarecimiento de los insumos, la incertidumbre de los mercados y los efectos del cambio climático.
Para Burgaz, la respuesta pasa por aprovechar el potencial de la innovación agronómica, mejorar la eficiencia de los sistemas productivos y reconocer las aportaciones del sector a objetivos que van más allá de la producción de alimentos. La captura de carbono se suma así a otras funciones de la agricultura relacionadas con la conservación del territorio, la gestión de los recursos naturales y el mantenimiento de la actividad económica en el medio rural.
Una nueva revolución verde para producir más con menos recursos
La optimización de los sistemas biológicos, eje de la intervención de Burgaz en el congreso, plantea otro de los grandes desafíos de la agricultura como es el de aumentar la producción de alimentos reduciendo el consumo de recursos y el impacto ambiental, sin perder capacidad de adaptación ante las adversidades climáticas y económicas.
El ingeniero agrónomo establece un paralelismo entre los retos actuales y los que afrontó la agricultura mundial durante las décadas de 1950 y 1960. Entonces, el crecimiento de la población y las necesidades alimentarias impulsaron una transformación tecnológica que, mediante el desarrollo de nuevas técnicas agronómicas y la mejora genética, permitió incrementar de forma sustancial los rendimientos y la productividad.
Aquel proceso se conoció como la Revolución Verde. Burgaz considera que la agricultura se encuentra ahora ante un nuevo cambio de paradigma, en el que la innovación biotecnológica, la edición genética y los sistemas de regadío más eficientes tendrán un papel determinante.
“Creo que solo podremos abordar con éxito el reto de incrementar las producciones, consumiendo menos recursos, con menor impacto ambiental y teniendo en cuenta el reto del cambio climático, poniendo en marcha nuevas y mejores técnicas, especialmente la edición genética, con innovadoras técnicas biológicas de producción y sistemas más eficientes de regadío”, afirma.
Estas herramientas, añade, ya están en desarrollo, aunque será necesario tiempo para desplegar todo su potencial. “Soy de los que creo que estamos ante lo que algún día conoceremos como una nueva revolución verde”, apunta.
El objetivo es avanzar hacia modelos de producción que combinen productividad, rentabilidad y sostenibilidad, aprovechando los avances científicos para responder a una demanda alimentaria creciente en un escenario de mayor presión sobre los recursos naturales.
Garantizar los ingresos frente a la incertidumbre económica
Junto a la transformación tecnológica, Burgaz sitúa la protección económica de las explotaciones entre las cuestiones que deben abordarse para asegurar la continuidad de la actividad agraria. A su juicio, los avances en productividad y eficiencia deben acompañarse de instrumentos capaces de amortiguar los efectos de las crisis de mercado y las caídas significativas de los ingresos.
El presidente de Foro Agrario propone diseñar un sistema de garantía de rentas que funcione como una cobertura aseguradora frente a las pérdidas de ingresos de los productores.
“Nuestro sistema de seguros ya da una eficaz respuesta ante las incertidumbres relacionadas con las adversidades naturales no controlables, pero también puede dar una buena respuesta ante las incertidumbres que afectan a los ingresos de las explotaciones”, señala.
La propuesta amplía el enfoque tradicional de la gestión de riesgos agrarios, centrado especialmente en los daños provocados por fenómenos meteorológicos y otras adversidades naturales, para incorporar también la volatilidad económica que condiciona la rentabilidad de las explotaciones.
La combinación de innovación tecnológica, eficiencia productiva y protección de los ingresos resulta, desde esta perspectiva, fundamental para que el sector pueda mantener su capacidad de producción y afrontar las exigencias de la transición climática.
El papel de los ingenieros agrónomos en la cadena alimentaria
La participación de Burgaz en el VI Congreso Nacional de Ingenieros Agrónomos también sirve para reivindicar el papel de estos profesionales en la transformación del sistema agroalimentario. Su campo de actuación abarca desde la investigación y la producción primaria hasta la industria, la logística, la distribución y la gestión de los residuos alimentarios.
A estas funciones se suman ámbitos como la ordenación del territorio, la gestión del agua y los regadíos, el medio ambiente, la biotecnología, la energía y el diseño de instalaciones agropecuarias y agroalimentarias.
“Con nuestro trabajo los ingenieros agrónomos, junto con otros profesionales, hacemos posible que los ciudadanos dispongamos a diario de alimentos saludables, abundantes, variados y de calidad”, afirma.
Burgaz destaca, además, la amplitud de competencias de la profesión, que permite intervenir en distintos eslabones de la cadena de suministro alimentario y abordar de manera conjunta los desafíos técnicos, económicos y ambientales del sector.
Ingeniero agrónomo por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de Madrid, en la especialidad de Fitotecnia, cuenta con formación complementaria en dirección de empresas de la cadena alimentaria, gestión de riesgos agrarios y gestión ambiental. Es funcionario del Ministerio de Agricultura y ha ocupado, entre otras responsabilidades, la Dirección General de la Industria Alimentaria y la dirección de la Entidad Estatal de Seguros Agrarios (ENESA). También fue consejero técnico en materia de residuos y economía circular en el Ministerio para la Transición Ecológica.
Desde 2024 preside la Fundación Foro Agrario, una entidad independiente y sin ánimo de lucro creada en 1999 como espacio de pensamiento, análisis y debate sobre agricultura, alimentación, mundo rural y medio ambiente.
Durante sus 25 años de trayectoria, la fundación ha promovido grupos de trabajo y actividades para estudiar cuestiones de actualidad y trasladar sus conclusiones a la sociedad, con especial atención a quienes tienen responsabilidades en el sector agroalimentario y el medio rural.
Entre sus objetivos figuran contribuir a la mejora de la calidad de vida de la población agraria y rural, fortalecer sus relaciones con la población urbana y fomentar la agricultura y la incorporación de espacios verdes en las ciudades.
La intervención de Burgaz en Valencia conecta estas líneas de trabajo con uno de los retos centrales de la agricultura actual, el de demostrar su contribución a la sostenibilidad con datos cuantificables y, al mismo tiempo, desarrollar las herramientas tecnológicas y económicas necesarias para garantizar la viabilidad futura de las explotaciones. El informe sobre el balance de carbono sitúa así en primer plano una cuestión que el sector reclama incorporar al debate climático, ya que la agricultura no solo emite gases de efecto invernadero, sino que también puede absorber grandes cantidades de CO₂ y contribuir a la descarbonización de la economía.