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Naranjas sudafricanas

* Patricio Simó.

Hace unos días compré en una gran superficie dos mallas de naranjas. Cada malla era de dos kilos, por lo que en total compré cuatro kilos y pagué 9,18 euros, es decir, 2,29 euros el kilo.

Normalmente, antes de comprar cualquier producto, me fijo en su procedencia, especialmente cuando se trata de cítricos y otras frutas. Sin embargo, esta vez se me pasó comprobarlo y no me di cuenta hasta llegar a casa de que las naranjas procedían de Sudáfrica y eran de la variedad Valencia.

Me resulta especialmente llamativo que una naranja que se vende como variedad Valencia tenga unas características tan diferentes de las que estamos acostumbrados a encontrar en las naranjas valencianas

Por las mañanas, después de despertarme, me gusta prepararme un zumo de naranja. Normalmente necesito tres naranjas para hacerme un vaso de zumo. Sin embargo, con estas naranjas he necesitado hasta seis para conseguir la misma cantidad.

Al abrirlas, la pulpa presenta un color amarillento y prácticamente no tiene carne. Apenas sale zumo al exprimirlas y, además contienen una gran cantidad de pepitas de tamaño grande. Son insípidas, duras. Y, al mismo tiempo, de un sabor muy dulzón. Me ha recordado a esos jarabes que nos recetaba el médico para la tos.

Prometo devolver la malla que aún no he empezado o tirarla a la basura. Máxime cuando la UE ha interceptado de nuevo naranjas procedentes de Sudáfrica con falsa polilla y también de mancha negra.

Entiendo que las grandes superficies recurran a naranjas procedentes de otros países durante determinadas épocas del año. En el caso de la Comunidad Valenciana, durante los meses de julio a septiembre buena parte de los campos se encuentran fuera de temporada y no se recolectan naranjas destinadas al mercado habitual. Existen algunas variedades más tempranas cuya recolección comienza a finales de septiembre, pero no cubren todo el periodo.

Aún así, en plena temporada de producción nacional, pueden encontrarse en los supermercados naranjas procedentes de terceros países, como Sudáfrica. Algo que resulta difícil de entender cuando existe suficiente producción nacional para abastecer el mercado y nuestros agricultores tienen dificultades para comercializar su propia producción a precios que les permitan cubrir los costes y obtener una rentabilidad digna.

Para quienes vivimos en una tierra con una larga tradición en el cultivo de cítricos, no parece razonable que una naranja tenga que recorrer miles de kilómetros desde Sudáfrica hasta llegar a un supermercado valenciano cuando existe producción nacional y, además, nuestros propios agricultores encuentran dificultades para dar salida a sus cosechas.

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