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El cumplimiento ambiental: una nueva variable estratégica en la internacionalización agro

* José Vicente Ronda, director general de AEVAE.


Ya nadie duda de la gran capacidad exportadora del sector agroalimentario valenciano. Sin embargo, expandirse a un nuevo mercado implica analizar cada vez más variables. A las decisiones tradicionales sobre precio, canales de distribución, logística o fiscalidad se suma hoy un elemento que gana peso de forma acelerada: el cumplimiento ambiental derivado de la Responsabilidad Ampliada del Productor (RAP) y del nuevo marco europeo de envases.

Y es que las obligaciones cambian según el país en el que se opere. Cada Estado tiene su propio registro de productores, sus propios sistemas de gestión y sus propias tarifas. Quien vende a un cliente de otro país que va a utilizar allí el producto pasa a ser, por regla general, productor en ese mercado, con todo lo que eso implica: inscribirse, declarar los envases, pagar la contribución que corresponda y, en algunos casos, designar un representante autorizado. Por eso, antes de entrar en un nuevo mercado conviene saber qué obligaciones de RAP va a suponer y cuánto van a costar. 

Todavía se percibe la RAP como una cuestión puramente ambiental, que muchas veces acaba en el departamento de sostenibilidad. La realidad es que su impacto ya es transversal. En otras palabras, las obligaciones de RAP pueden influir en áreas como operaciones, compras, ventas, exportación, logística, legal, compliance o incluso los sistemas de facturación y fijación de precios.

En el contexto actual, con cada vez más competencia y los márgenes más ajustados, tener controlado este tipo de obligaciones puede suponer una gran diferencia. Por ejemplo, un incumplimiento o una planificación tardía se traducen en riesgos muy concretos: retrasos en el lanzamiento de nuevas referencias, costes ambientales no contemplados al inicio, dificultades para operar con grandes cadenas o barreras de entrada en determinados mercados. 

Por el contrario, anticipar las obligaciones RAP permite incorporar el cumplimiento ambiental a la estrategia de internacionalización desde el principio. De este modo, se puede tener en cuenta a la hora de diseñar envases más eficientes, trasladar esos costes a los precios y preparar la operativa interna (sistemas de información, reporting, trazabilidad) antes de que llegue la primera inspección o el primer requerimiento de un cliente clave.

El nuevo marco europeo de envases (PPWR): menos margen para la improvisación

A todo ello se suma el Reglamento (UE) 2025/40 sobre envases y residuos de envases (PPWR), que se aplica desde el pasado 12 de agosto. Al ser un reglamento, fija requisitos comunes de diseño, reciclabilidad y etiquetado que se irán exigiendo de forma escalonada en toda la Unión, mientras que la gestión de la RAP sigue organizándose país a país. Este nuevo marco refuerza la responsabilidad de las empresas sobre el diseño, la puesta en el mercado y la gestión final de sus envases, y lo hace con objetivos claros de prevención, reutilización, reciclabilidad y contenido reciclado.

Esta visión es especialmente importante en el sector agropecuario, donde la diversidad de formatos y usos hace que no exista una respuesta única. Un Big Bag no plantea los mismos retos que un saco de semillas; un film utilizado para paletizar mercancía no tiene la misma función que un bidón de producto; y una caja de transporte debe analizarse de manera diferente a un envase de venta.

La principal lección que está dejando la evolución de la RAP y del nuevo marco europeo de envases es clara: el cumplimiento ambiental ya no es un apéndice de la actividad internacional, sino una variable estratégica que condiciona cómo, dónde y con qué costes se puede crecer.

En este contexto, las empresas del sector no están solas. Las asociaciones sectoriales y los sistemas colectivos de responsabilidad ampliada del productor existen precisamente para acompañarlas. En España, en el caso de los envases de productos de uso agrícola y ganadero profesional, como fertilizantes, bioestimulantes, semillas, sustratos o alimentación animal, AEVAE organiza y financia en nombre de sus empresas adheridas la recogida y la gestión de esos residuos, también en las propias explotaciones, y les ayuda a tener claras sus obligaciones.

Integrar la RAP en la planificación de la internacionalización no consiste solo en “cumplir para evitar sanciones”, sino en conocer de antemano los costes reales de entrada en cada mercado, dimensionar correctamente la operativa y reducir el riesgo de retrasos o incidencias una vez iniciada la comercialización. Convertir el cumplimiento ambiental en un proceso planificado, y no reactivo, es hoy una de las claves para que la internacionalización del sector agro sea sostenible, en todos los sentidos de la palabra.

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