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Peleando con el cabernet franc

* Patricio Simó.

Esta semana he terminado de labrar los dos campos de cabernet franc que me faltaban. Son las parcelas donde menos kilos he sacado esta campaña, con una caída de casi el 50% respecto al año pasado.

¿Qué ha ocurrido para tener una caída tan acusada cuando en el resto de variedades he conseguido mejorar la producción? Seguramente es hora de hacer un plan de abonado y empezar a mirar la parcela con un poco más de atención. Cuando una viña baja tanto la producción de un año para otro, algo está pasando, aunque no siempre sea fácil encontrar una sola causa.

De los dos campos de cabernet, hay uno más joven que el otro. Y ha sido, precisamente, el joven donde la merma ha sido mayor. De hecho, unas semanas antes de la vendimia no pensaba recogerlo porque ya se veía muy poca uva. Al final decidí vendimiarlo, pero la cosecha estaba muy por debajo de lo que esperaba.

Por eso creo que ha llegado el momento de hacer un plan de abonado. No se trata de echar abono por echar, sino de intentar saber qué necesita realmente la planta. Habrá que mirar cómo está el suelo y, si hace falta, analizarlo para tener más información. A veces pensamos que conocemos una parcela porque llevamos muchos años trabajando en ella, pero siempre puede aparecer algo que se nos escapa.

Es un terreno muy calizo y la mitad de la parcela se plantó con Fercal, un pie muy resistente a la clorosis férrica, y el resto con 110 Richter, uno de los portainjertos más utilizados en viticultura y que funciona muy bien en terrenos secos.

También hay que tener en cuenta que esta tierra no es precisamente fácil. En un terreno calizo y seco, la planta tiene que buscarse la vida. Y aunque una viña pueda aguantar muchos años con poca agua, eso no significa que todos los años vaya a responder igual. Quizá este año la combinación de las condiciones del suelo, la disponibilidad de nutrientes y el tiempo que hemos tenido haya terminado pasando factura.

Hace años, la primera parcela cargó mucho y llegué a hacer casi 10.000 kilos por hectárea, con muy buena calidad. En dos hectáreas y media que tiene la parcela hice 22.000 kilos. Claro que al año siguiente no recogí nada.

Esta viña está más limpia de cañota y salicornios que la tintorera. Este verano, don William estuvo limpiándola y eso se nota. Es conveniente eliminar la mala hierba para que no se apodere de la cepa, y en terrenos secos, todavía más.

Labrando he visto la primera liebre. Se ven pocas este año. Otras veces me he encontrado con algún lebrato, pero esta vez solo he visto una.

Ahora, con la tierra labrada, toca esperar. El campo empieza otra vez su ciclo y habrá que ver cómo responde la viña en los próximos meses. En otoño, cuando la viña haya perdido la hoja, comenzará el trabajo de la poda. Sin duda, la labor más importante y que marcará la campaña del año próximo. Este año voy a dejar menos brocadas: tres a cada lado, en lugar de cuatro. A ver si así la planta se recupera.

 

 

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