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Cinco escuelas valencianas luchan contra el desperdicio alimentario en el comedor escolar y en los patios

Justicia Alimentaria ha puesto en marcha ESCOLES QUE APROFITEN, un proyecto para concienciar sobre la importancia de actuar contra el desperdicio alimentario y para que este tema empiece a trabajarse en los centros educativos. Se trata de un proyecto de educación para la ciudadanía global, que cuenta con el apoyo financiero de la Vicepresidencia y Consellería de Servicios Sociales, Igualdad y Vivienda.

Esta iniciativa se da a conocer precisamente ahora, en la Semana Europea para la reducción de los residuos, puesto que es un acontecimiento a nivel europeo que pretende animar a la ciudadanía, las escuelas y las asociaciones a organizar acciones de sensibilización sobre la gestión sostenible de los recursos y la reducción de residuos. «Los centros educativos pueden jugar un papel clave para concienciar tanto al alumnado como a las familias sobre esta problemática, y pueden promover acciones sencillas para reducir la cantidad de alimentos que acaban en lo basura», explica Marta Herrero, coordinadora de Justicia Alimentaria en la Comunidad Valenciana. 

Para hacer esto, se está trabajando en cinco centros educativos de la Provincia de Valencia para poner en marcha diferentes acciones educativas, como escuelas de formación dirigidas al profesorado, así como talleres prácticos para los equipos de cocina y educadoras de comedor de los comedores escolares. La intención es que toda la comunidad educativa pueda conocer diferentes herramientas para trabajar el desperdicio alimentario desde su ámbito de actuación: las aulas, las cocinas y el espacio de mediodía.

Además, se harán mediciones de todo lo que se tira en los comedores escolares, separando la comida desperdiciada entre primer plato, segundo plato y postre, para tener datos del tipo de alimento que acaba cada día en la basura en los comedores escolares de estas escuelas. Y una vez se tengan datos del porcentaje que se desperdicia, se pondrá en marcha un plan de reducción del desperdicio en cada escuela para tratar que estas cifras disminuyan hasta un 25%. 

Otra acción que se ha lanzado durante este tiempo es el reto colectivo #LaComidaNoSeTira, en el que han participado 21 centros educativos y que se ha realizado en colaboración con València Innovation Capital del Ayuntamiento de València. Este reto consistió en que el alumnado tenía que recoger la basura orgánica tirada en la hora del patio, se pesaba y calculaba después la cantidad de alimento que se había derrochado. Los datos que se han obtenido son muy preocupantes, puesto que se han llegado a recoger hasta 91 kilos de residuo alimentario en un único día después de la hora de almuerzo. Esto supone que cada escuela tira una media de 4,33 kilos diarios durante el patio, lo cual equivaldría a 29 almuerzos que se convierten en basura, si se cuenta una ración típica de almuerzo infantil de 150 gramos (compuesta por 1 bocata + 1 pieza de fruta).

Con los datos que se obtengan a lo largo del proyecto, se harán campañas de sensibilización con el alumnado y las familias para dar a conocer y abordar, desde diferentes perspectivas, la importancia de reducir el desperdicio alimentario, puesto que es una de las herramientas más poderosas para luchar contra la emergencia climática, las desigualdades y para reducir la huella ecológica de nuestra alimentación y modelo de consumo. 

Según información de la web de la Semana Europea de Reducción de Residuos, en los países de la Unión Europea se producen más de 59 millones de toneladas de residuos alimentarios, lo que representa 132 kilogramos por habitante, mientras 37 millones de personas no pueden permitirse una comida de calidad cada dos días.

«Escoles que Aprofiten es un proyecto muy práctico que pretende sensibilizar sobre la comida que se desperdicia diariamente en los centros escolares, porque pensamos que la solución al desperdicio alimentario pasa por hacernos conscientes del problema y es muy importante medir, para tener datos de todo lo que tiramos y actuar en consecuencia», remata Marta Herrero.