Pasar al contenido principal

El proyecto de una estudiante valenciana para alimentar con maquinas expendedoras a personas desfavorecidas participa la semana que viene en la cumbre mundial de alimentación de Brasilia

Irene Rodríguez, estudiante valenciana de Biotecnología en la UPV, es una de las 100 jóvenes de entre 18 y 25 años de todo el mundo que acudirán del 4 al 6 de noviembre a participar en la IV Youth Ag-Summit que se celebra en Brasilia, una cumbre internacional bianual que organiza Bayer para buscar soluciones a la escasez de alimentos ante el aumento creciente de la población. Por España sólo acuden ella y el catalán Alejandro Artiach.

Para participar, ser elegida y acudir a la cumbre en la capital brasileña, Irene tuvo que sintetizar su proyecto en un vídeo de 3 minutos donde expuso una idea innovadora para abordar la seguridad alimentaria y el hambre. Lo logró entre más de 2.800 candidaturas de cerca de 100 países que participaron en esta cuarta edición del programa. Antes de Brasil se había celebrado en Canadá, Australia y Bélgica.

Irene y el resto de personas seleccionadas se organizarán en grupos multidisciplinares en Brasilia y diseñarán, en equipo, nuevos proyectos. La cumbre funcionará como una incubadora de ideas, ayudando a los seleccionados a trabajar juntos para convertir en realidad las ideas con el mayor potencial. Precisamente en la edición de 2017 otra valenciana estudiante de la UPV, Carla Espinós, resultó ganadora con uno de los tres proyectos financiados por Bayer y acudirá ahora como mentora de Irene en esta nueva edición. 

Antes de subirse al avión para desplazarse a Brasil, Irene Rodríguez ha atendido a Agronews Comunitat Valenciana.

 

La valenciana Irene Rodríguez, de 20 años, estudia Biotecnología en la UPV

 

P.- ¿En qué consiste la idea que te ha permitido acudir a la Youth Ag-Summit?

R.- Según datos de la FAO en todo el mundo se arrojan a la basura cada año 1.300 millones de toneladas, de las que 7,7 corresponden a España. Sería imposible pretender con mi idea acabar con esto en esos macro-ámbitos, pero sí pretendo aportar mi granito de arena contra el desperdicio de alimentos en mi ciudad, València. Para ello propongo poner a disposición de personas en riesgo de pobreza máquinas expendedoras con la comida sobrante y en buen estado que diariamente se desperdicia en restaurantes, hospitales y escuelas.

P.- Suena bien esta idea novedosa, ¿pero cómo se puede concretar?

R.- Mi proyecto se basa en que la comida que cocinan restaurantes, colegios y hospitales, que todos los días se va a la basura se ponga dentro de unas máquinas expendedoras. A partir de ahí, las personas más necesitadas tendrían una tarjeta que podría repartir el Ayuntamiento o entidades como Caritas o la Casa de la Caridad, totalmente personalizada, para poder acceder a esa comida. Esta identificación podría tener un límite de consumo al día, o al mes, por persona.

No se trataría de un banco de alimentos o de un comedor social, la gente podría acudir a las máquinas a cualquier hora del día y también se evita el mal trago o la estigmatización de estar en una cola para acceder a la comida. Serían máquinas como las que se pueden encontrar en la actualidad". 

P.- Otro aspecto importante sería determinar quien introduce la comida en esas máquinas, ¿lo tienes pensado?

R.- En mi proyecto se pretende crear una ONG en la que un grupo de voluntarios se encargue de repartir la comida por las máquinas. Así te aseguras que realmente esa comida procede de restaurantes, hospitales y colegios y existe una trazabilidad y una seguridad alimentaria. Si cualquier persona pudiera participar igual la comida ya no está en las condiciones que debería y eso hay que evitarlo.

P.- Eres consciente de los problemas que generan los envases de plástico...

R.- Sin duda y para ello propongo que la comida esté en envases biodegradables, por ejemplo con fécula de patatas, con objeto de evitar la contaminación de los plásticos.

P.- ¿Cómo conociste la iniciativa de Youth Ag-Summit y por qué decidiste presentarte?  

R.- La conocí hace dos años cuando se presentó al proyecto Carla de la UPV y luego ganó. Fue un estímulo que me empujo a lanzarme. Además, desde siempre he estado en los scouts y estábamos trabajando con niños los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que impulsa  la ONU. Les propusimos que buscaran soluciones y me dije que si lo hacen ellos yo también lo tengo que hacer. Cuando me enteré de la iniciativa de Bayer vi que mi idea podía tener sentido.