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El sobrecoste energético ya supera los 130 millones de euros para los supermercados

El índice de inflación general en España ha sumado seis décimas más en septiembre y alcanza el 4,9 por ciento de variación anual debido, principalmente, a los carburantes y los paquetes turísticos1. El comportamiento de los precios de los combustibles y la energía, agravado desde que comenzó el conflicto de Oriente Medio, afecta directamente a los supermercados españoles, que acumulan ya un sobrecoste de más de 130 millones de euros -entre 20 y 25 millones cada mes-. El escenario de aumento del coste de suministros que están soportando los supermercados durante este año se concentra en tres grandes partidas: electricidad, combustibles y materias primas del envase plástico. 

Los dos focos más relevantes son la energía y la logística. En el caso del primero, preocupa mucho la escalada de los servicios de ajuste eléctrico, que mantienen una trayectoria de fuerte crecimiento (+53% frente a octubre de 2025)2 y que se refleja de manera directa en la factura de las empresas; el segundo, porque el precio del gasóleo (+35,5% frente a octubre de 2025)3 afecta a la estructura de costes del transporte y, por extensión, a los flujos de aprovisionamiento y distribución. Pero, además, hay que tener en cuenta un tercer factor, que es la subida del precio de los envases por el impacto de la guerra de Oriente Medio en la industria petroquímica de fabricación de plástico (+25% materias primas plásticas en el último año)4.

A pesar de todo ello, el IPC de los alimentos sigue mostrando una respuesta mucho más moderada que el general, alcanzando una tasa anual del 2,7 por ciento en el mes de septiembre, más de dos puntos por debajo del IPC general. La eficiencia en el funcionamiento de la cadena agroalimentaria y la función de la distribución alimentaria como dique de contención frente al consumidor se refleja en estas cifras. La competitividad de la red de supermercados hace que los precios finales se contengan lo más posible y durante el mayor tiempo posible. Además, la variedad del surtido, de enseñas y de tipos de tiendas que están a disposición del consumidor hace que éste tenga herramientas para luchar contra el incremento de precios. Se calcula que el llamado efecto “downtrading” puede reducir hasta tres veces el impacto de la inflación en los precios de la alimentación.5

Aunque cada uno de los componentes que están contribuyendo al alza de costes en el sector agroalimentario tiene ritmos y mecanismos de transmisión diferentes -a lo que se une la estacionalidad de las campañas de productos agrícolas-, la cadena está funcionando eficientemente, como se refleja en la contención que desde el mes de marzo se observa en los precios de los alimentos en un escenario de inflación generalizada.