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La juventud rural reclama acceso a la tierra y precios justos para garantizar el relevo generacional agrario

La falta de acceso a la tierra, las dificultades de financiación y la precariedad laboral amenazan el relevo generacional agrario y el futuro de los sistemas alimentarios. Así lo advierte la ONG Enraíza Derechos, que ha participado en el Foro Mundial de la Alimentación (WFF 2026), celebrado en Roma con motivo del Día Mundial de la Alimentación, y reclama políticas públicas que permitan a la juventud rural desarrollar proyectos de vida dignos en el campo.

La organización subraya que la transformación de los sistemas agroalimentarios requiere que las nuevas generaciones dejen de ser meras espectadoras y participen activamente en las decisiones que afectan a la producción de alimentos, la sostenibilidad y el desarrollo de los territorios rurales.

El desafío es global. Según los datos recogidos por la entidad, 645 millones de personas sufren hambre y 2.690 millones no pueden permitirse una dieta saludable. Al mismo tiempo, cerca de la mitad de los 1.300 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años vive en zonas rurales, donde encuentra importantes obstáculos para acceder a los recursos necesarios para emprender una actividad agraria.

El acceso a la tierra, uno de los principales obstáculos

Entre las principales dificultades figura el acceso a la tierra, condicionado por los elevados precios, la fragmentación de las explotaciones y las dificultades para facilitar el relevo entre generaciones. La situación económica de muchos agricultores de mayor edad, que carecen de pensiones o coberturas de jubilación suficientes, también puede dificultar la transmisión de sus explotaciones.

A estas barreras se suman las consecuencias del cambio climático. El informe señala que el 69% de los jóvenes rurales del mundo reside en zonas donde se prevé una reducción de la productividad agrícola por el calentamiento global. De ellos, 111 millones viven en tierras con las peores perspectivas de calidad productiva.

La desigualdad de oportunidades también afecta al empleo y la formación. Más del 20% de la juventud mundial se encuentra fuera del sistema educativo y del mercado laboral, y las mujeres representan dos tercios de este colectivo. La organización relaciona esta brecha con la mayor carga de cuidados domésticos no remunerados que asumen las mujeres jóvenes.

En paralelo, la inseguridad alimentaria moderada o grave entre la juventud alcanzó el 24,4% durante el último trienio analizado, con una incidencia del 42,7% en África, según las cifras recogidas por la entidad.

El sistema agroalimentario como motor de empleo

Enraíza Derechos defiende que la incorporación de jóvenes al campo no debe abordarse únicamente como una cuestión demográfica, sino también como una oportunidad económica y social. El 44% de los jóvenes que trabajan en el mundo lo hace en actividades vinculadas a los sistemas agroalimentarios, de acuerdo con los datos aportados por la ONG.

La organización sostiene que mejorar las oportunidades laborales y formativas de la juventud rural vulnerable podría incrementar el PIB mundial en 1,5 billones de dólares, alrededor de un 1,4%, y generar más de 87 millones de empleos dignos. El 45% de ese crecimiento económico procedería de actividades agroalimentarias.

Para aprovechar este potencial, considera necesario superar la imagen del medio rural como un espacio sin oportunidades y garantizar condiciones que permitan a las nuevas generaciones acceder a explotaciones viables, formación, financiación y mercados remuneradores.

Bancos de tierras, cláusulas espejo y compra pública sostenible

La ONG propone una hoja de ruta basada en cinco líneas de actuación para facilitar el relevo generacional y avanzar hacia sistemas alimentarios más sostenibles.

Entre las medidas prioritarias plantea crear bancos públicos de tierras, incluidas parcelas infrautilizadas, para facilitar su arrendamiento a precios asequibles a jóvenes agricultores. También reclama simplificar los trámites de incorporación a la actividad agraria y mejorar el acceso a las ayudas para quienes inician sus proyectos.

En el ámbito comercial, propone aplicar cláusulas espejo que garanticen que los productos agrícolas importados cumplen los mismos requisitos sociales y ambientales exigidos a los productores europeos. El objetivo es evitar que las diferencias normativas generen desventajas competitivas para la agricultura local.

Otra de las propuestas consiste en impulsar la compra pública sostenible para que colegios, hospitales y universidades incorporen alimentos ecológicos y de proximidad. Para ello, defiende adaptar los procedimientos de contratación, crear infraestructuras logísticas intermedias y reforzar las cooperativas de productores, con el fin de facilitar el suministro y mejorar la remuneración en origen.

La organización también apuesta por incorporar la educación alimentaria al currículo escolar, con contenidos sobre producción agraria, nutrición, prevención del desperdicio y soberanía alimentaria, además de promover huertos escolares y actividades prácticas de cocina.

Por último, reclama mejorar el reconocimiento social de la profesión agraria mediante herramientas digitales, redes sociales y programas de acompañamiento intergeneracional que faciliten la transmisión de conocimientos entre agricultores jóvenes y mayores.

«No podemos pedirle a la juventud que se quede en el campo si le negamos los medios»

«No podemos pedirle a la juventud que se quede en el campo si le negamos los medios materiales para vivir con dignidad. El relevo generacional es una cuestión indispensable de justicia social y sostenibilidad del planeta», señala Virginia Francisco, técnica de juventud y sistemas alimentarios de Enraíza Derechos, desde el Foro Mundial de la Alimentación en Roma.

Por su parte, la directora de la organización, María González, sostiene que innovar en los sistemas alimentarios va más allá de incorporar tecnología a las explotaciones. «Significa garantizar el derecho a la alimentación, proteger a la agricultura familiar, crear bancos de tierras públicas y asegurar que un hombre o una mujer joven puedan vivir de cultivar alimentos sanos sin verse expulsados por el cambio climático o la especulación del suelo», afirma.

Enraíza Derechos concluye que garantizar el relevo generacional exige medidas estructurales que permitan acceder a la tierra, obtener ingresos dignos y participar en la transformación del sistema alimentario. Sin esas condiciones, advierte, la despoblación rural y las dificultades para mantener una agricultura familiar viable seguirán comprometiendo el futuro de los territorios y la producción sostenible de alimentos.