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Leche: Las cuatro claves que explican la notable bajada de los precios

El sector lácteo español se encuentra sumergido en un clima de alta tensión. Los ganaderos rechazan por completo las bajadas de precios de la leche de vaca —de entre 7 y 8 céntimos por litro— que ofrece la industria, y para las que aseguran no encontrar una justificación objetiva.

Aunque muchos productores ya han firmado los contratos a la baja, las Organizaciones Profesionales Agrarias (OPAs) exigen la mediación de las autoridades. Por su parte, otros colectivos no descartan emprender acciones legales para investigar estos contratos y posibles prácticas de mercado “irregulares”.

En todo conflicto es conveniente conocer ambas versiones: ¿qué dice la industria? ¿por qué se produce esta bajada? A su paso por el programa "Es El Campo", el secretario general de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (FENIL), Luis Calabozo, desgranó las claves para entender este drástico ajuste.

P: ¿Por qué la industria láctea está ofreciendo actualmente contratos a la baja a los ganaderos? ¿Qué circunstancias explican este descenso en los precios?

R: En pocas palabras, se trata de una incorporación a la tendencia del mercado global y europeo. Desde julio de 2025, se ha producido un incremento enorme y no esperado en las entregas de leche en la Unión Europea y Estados Unidos. Este excedente no ha podido ser absorbido por la demanda, lo que ha provocado la caída de las cotizaciones de todos los productos lácteos básicos (commodities), como la grasa y la mantequilla.

Mientras que en Europa los precios empezaron a caer de forma importante en septiembre, en España los mantuvimos artificialmente altos, incluso por encima de los registros del año anterior. Esta diferencia de precios nos está expulsando del mercado; los excedentes europeos llegan a nuestro país, principalmente en forma de queso, y la distribución opta por esos productos más baratos, desplazando a la industria nacional de los lineales.

P: Entonces, ¿el origen del problema es la entrada de leche y derivados de otros países europeos? Sin embargo, en España el consumo mayoritario sigue siendo la leche líquida en brik.

R: Es que el precio de la materia prima afecta a todos los productos. Por ejemplo, un factor clave ha sido la estrepitosa caída del mercado de la mantequilla, que tuvo precios récord hasta mediados de 2025. España es un país excedentario en producción de grasa láctea porque aquí cocinamos mayoritariamente con aceites vegetales. Exportar esa grasa a precios altos nos permitía mantener un precio de la leche al ganadero desconectado de la realidad nacional sin subir el coste al consumidor. Al caer drásticamente las cotizaciones de la grasa y la proteína, y entrar productos exteriores mucho más baratos, hemos perdido esa capacidad de resistencia.

P: Explica que la industria ha intentado evitar estas bajadas durante seis meses. Aun así, ¿entiende la indignación y la preocupación de los ganaderos por su futuro?

R: Por supuesto. No solo lo entendemos, sino que nuestra prioridad es mantener la producción en un país deficitario como España, especialmente con las dificultades de relevo generacional que existen. Por eso hemos intentado mantener los precios por encima de la media europea el máximo tiempo posible, pero ha llegado un punto en el que ha sido imposible.

En Europa la caída ha sido gradual desde septiembre, pero en España tenemos un sistema de contratos de larga duración que suelen renovarse en marzo. Esto provoca que el ganadero pierda el contacto con la evolución real de los mercados internacionales durante meses y ahora, de golpe, llega el ajuste. Para que se hagan una idea: en enero, el precio medio en Europa era de 44,35 céntimos, mientras que en España pagábamos 52,52 céntimos. Somos el único país donde el precio de la leche seguía creciendo un 9% respecto al año anterior, mientras en otros como Bélgica u Holanda caía un 30%.

P: Algunos ganaderos están denunciando prácticas irregulares o ultimatums para evitar la competencia. ¿Qué valoración hacen desde FENIL de estas acusaciones?

R: Desde la federación no conocemos las ofertas individuales de las industrias; lo que sabemos es lo que publican los medios sobre los diferenciales de precios. Nuestro papel es analizar el mercado y vemos que este movimiento no es más que un intento de ajuste para no perder competitividad. No somos independientes de lo que pase en Europa. En los últimos meses se ha acelerado la importación de productos lácteos superando el millón de toneladas. Si queremos un sector sostenible y resiliente, debemos evitar que la industria nacional sea desplazada por esta diferencia de costes en la materia prima.

P: ¿Existe alguna solución a corto plazo para rebajar esta tensión?

R: La tensión no es deseable para nadie. La industria láctea solo tiene una materia prima estratégica: la leche. Sin ella no podemos fabricar. El mayor riesgo es perder producción, por lo que necesitamos que sea eficiente y competitiva. Respecto a las ayudas anunciadas por el Gobierno, nos parecen insuficientes por ser demasiado generalistas. Creemos que las ayudas deberían ir directamente a los costes específicos de un sector que es básico para el abastecimiento: carburantes para la producción, energía para fertilizantes y alimentación animal, y los costes de transporte y procesado térmico de la leche.

P: Otros sectores, como el de los apicultores, coinciden en que las ayudas no contemplan sus situaciones particulares.

R: Es que este ajuste de mercado, que ya de por sí era inevitable, ha coincidido con una situación de inestabilidad internacional y una guerra que comenzó hace menos de un mes. En un mercado con tanta inercia y donde los contratos se firman con antelación, es muy difícil desligarse de estas fuerzas globales si no contamos con ayudas estatales puntuales y específicas para nuestro sector.